La violencia en el mundo actual


por René Padilla

Las noticias acerca de actos de violencia, muchos de ellos con consecuencias fatales, son noticias de todos los días. Desde que me propuse escribir este artículo, mi problema no ha sido encontrar ejemplos para ilustrar ese terrible flagelo. Mi problema ha sido, más bien, decidir qué ejemplos mencionar y qué otros dejar por fuera.

Una abundante cosecha de ejemplos proviene de países, especialmente en el mundo árabe, donde los frecuentes atentados suicidas que dejan como saldo decenas de muertos y heridos tienen generalmente un sentido religioso. Pero no hay que olvidar que también tuvo un sentido religioso, aunque de un signo diferente, la invasión de Irak por parte de los Estados Unidos en marzo de 2003, la que dejó desde ese entonces más de 100.000 muertos civiles y millares de familias desplazadas. Me cuesta pensar que haya algo más detestable a los ojos de Dios que la religión puesta al servicio de la violencia o ésta puesta al servicio de aquélla.

De la misma región del mundo provienen otros ejemplos de violencia: la desatada por parte de dictadores de larga data que no reconocen las señales de los tiempos. Tras la caída de Zine el-Abidini Ben Alí, después de 23 años en el poder en Túnez, y la de Hosni Murabak, con más de 30 años de dictadura en Egipto, Muammar Khadafi piensa que, con un brutal despliegue de violencia, puede prolongar su dictadura de más de 40 años en Libia. Haciendo uso de ametralladoras y cazas de combate, las Fuerzas Armadas libias han matado a cientos, tal vez miles, de manifestantes. En vano para Khadafi: como Ben Ali y Mubarak, lo más probable es que él también, pese a la feroz represión, sea derrotado por el pueblo. ¿Qué sucederá ahora en esos países por tanto tiempo dominados por regímenes a cargo de una pequeña minoría que es una lujosísima isla en medio de un mar de pobreza denigrante?

A quienes vivimos en este lado del océano, lo que sucede en el mundo árabe no nos afecta en gran medida, por lo menos no directamente. A lo mucho, tratamos de mantenernos informados sobre las repercusiones de los cambios que se están dando, generalmente a un alto costo en términos de vidas segadas por la violencia. En nuestras tierras hemos superado la época de las dictaduras, varias de ellas tan sangrientas como las actuales del mundo árabe. No hemos superado, sin embargo, la violencia de la delincuencia urbana, ni la del narcotráfico, ni la del imperio de turno con su presupuesto militar de 553 millones de dólares para 2012. Y tampoco hemos superado un tipo de violencia que hoy afecta directamente a muchas familias, incluso a muchas que profesan la fe cristiana: la violencia doméstica, mayormente perpetrada por el hombre contra la mujer.

Las cifras de femicidios (o feminicidios) en América Latina son alarmantes. Basta citar unos pocos ejemplos en promedios: en Chile hay 1 femicidio por semana; en Uruguay, 1 por mes; en Perú, 12 por mes; en Guatemala, 58 por mes; en Argentina, 1 cada 36 horas. El victimario más común es pareja o ex pareja, amante, padre, novio o pretendiente de la víctima. Es, pues, violencia machista, una fatal expresión de la opresión de la mujer en todos los ámbitos de la vida social y en todas las clases sociales. Según la ex Presidenta chilena Michelle Bachelet, “Entre las mujeres de 15 y 44 años, los actos de violencia causan más muertes y discapacidad que la suma de las provocadas por el cáncer, la malaria, los accidentes de tránsito y la guerra”.

A la luz de este terrible terrorismo machista, celebramos que en la Argentina acaba de disponerse, en el ámbito del Ministerio de Justicia de la Nación, la creación de la Comisión Nacional Coordinadora de Acciones para la Elaboración de Sanciones de la Violencia de Género. Esta comisión, coordinada por la Dra. Perla Prigoshin, se ocupará de profundizar la lucha contra la violencia de género mediante el establecimiento de sanciones de los distintos tipos y modalidades de violencia contra las mujeres, conforme la normativa nacional e internacional. Asimismo, celebramos la formación de ONU Mujeres, la nueva agencia de las Naciones Unidas diseñada para empoderar a la mujer y combatir el machismo bajo la dirección de Michelle Bachelet.

Estas y otras medidas similares que apuntan a combatir la violencia contra la mujer merecen nuestro entusiasta apoyo. Son expresiones de la acción del Espíritu de Dios en la sociedad secular, aunque no se reconozcan como tales. Sin embargo, no exoneran a la iglesia de su responsabilidad de formar personas que reconocen que tanto el hombre como la mujer son portadores de la imagen de Dios y que, consecuentemente, no hay lugar para la discriminación, menos aún para la violencia, contra la mujer por parte del hombre.

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Agranda la puerta, Padre


por José luis Lozano
“Si alguno quiere ser mi discípulo, olvídese de sí mismo, cargue con su cruz cada día y sígame.” (Lucas 9.23).
“Dichosos los pobres en espíritu, porque el reino de Dios les pertenece”. (Mateo 5.3).


Un filósofo y literato español del siglo pasado, Miguel de Unamuno, de un temperamento ardiente y apasionado, muy combativo y enérgico, padeció dramáticos conflictos interiores y tremendas agonías en su fe precisamente por no querer aceptar con humildad y sencillez la realidad de su condición humana. Y cuando al fin, reconoció su debilidad, bellamente lo expresó con esta oración:

Agranda la puerta, Padre,
porque no puedo pasar;
la hiciste para los niños.
Yo he crecido, a mi pesar.
Si no me agrandas la puerta,
achícame, por piedad,
vuélveme a la edad bendita
en que vivir es soñar.


Reconocer nuestra debilidad es sin duda uno de los grandes secretos para alcanzar la verdadera vida. El apóstol Pablo lo expresaba de la siguiente manera: “Tres veces le he pedido al Señor que me quite ese sufrimiento, pero el Señor me ha dicho: Mi amor es todo lo que necesitas; pues mi poder se muestra plenamente en la debilidad. Así que prefiero gloriarme de ser débil, para que repose sobre mi el poder de Cristo” (2 Corintios 12. 8-9).

El dolor nos acerca a Cristo

Muchos de nosotros, podemos dar fe de esta verdad. Diferentes situaciones dolorosas que hemos vivido nos han acercado a la gracia y al amor del Señor.
Paradójicamente, hemos sentido mas cercana la presencia de Dios en medio del dolor. ¿Será que Dios puede habitar mejor nuestra vida cuando estamos mas vulnerables, cansados y débiles?.

Una confesión sincera

Hace unos años atrás, compartí; (ver Hacia una teología que cuide el corazón), como la muerte de mi papa, mis inseguridades afectivas, mi búsqueda de identidad y carrera deportiva, entre otras cuestiones, me llevaron a mantener con Dios una relación “utilitarista y de trueque”. Casi llegué a creer que podía manipular los deseos de Dios y hasta llegar a fundamentarlos por medio de una vida “ejemplar” con objetivos “solidarios”. Expresé también que si bien mantuve con Dios una relación sincera, fue equivocada desde lo metodológico y actitudinal.

Hoy me doy cuenta, que no basta con cambiar lo metodológico y lo actitudinal. Es necesario autoproclamarse incompetentes. Morir a toda posibilidad de realizar buenos y solidarios esfuerzos humanos. Olvidarme de mi mismo y tomar mi cruz cada día siguiendo al Señor de la vida. Ni siquiera las obras solidarias, eclesiales, educativas y/o humanísticas son suficientes. Reconocer nuestra debilidad y vulnerabilidad, como bien señaló Miguel de Unamuno, es condición clave para apreciar la belleza de la vida.

¡Que podamos apreciar y disfrutar la belleza de tu creación!. Enséñanos a morir cada día y danos el coraje para declararnos incompetentes.

Firmes en el sufrimiento


por José Luis Lozano

“En el mundo, ustedes habrán de sufrir; pero tengan valor: yo he vencido al mundo”. Juan 16.33
“Pero si lo que esperamos es algo que todavía no vemos, tenemos que esperarlo sufriendo con firmeza”.
Romanos 8.25
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Algunas de las propuestas eclesiales mediáticas, presentan al sufrimiento como una maldición. Señalan que si Cristo padeció por nosotros, entonces nosotros tenemos que creer por fe en su obra y rechazar todo tipo de sufrimientos. Hemos sido testigos de expresiones tales como: “pare de sufrir…”, “si le pasa esto, será por algo…, por pecados ocultos, desobediencia, castigo, entre otras. Pablo nos invita a “sufrir con firmeza”, dando por sentado que debemos aprender a convivir con el sufrimiento durante nuestra vida terrenal.

En la medida que pasan nuestros años, podemos dar fe de que es así. El sufrimiento es un compañero mas de nuestra vida y por lo tanto es conveniente llevarnos lo mejor posible.
¡Pero cuidado!; llevarse lo mejor posible con el sufrimiento, no significa promoverlo ni aceptarlo como bueno en si mismo. Ante el peligro de creer que el sufrimiento es en si mismo una virtud, Nancy Bedford nos advierte y aclara:

El único sentido posible que se le encuentra al sufrimiento jamás radica en el sufrimiento mismo sino que lo trasciende. Buscar padecer por creer que el sufrimiento posea una supuesta virtud intrínseca no significa seguir a Cristo sino que constituye un comportamiento enfermizo y masoquista 1.

Esa lucha interior entre querer hacer lo bueno y no poder hacerlo, que Pablo describe muy bien en Romanos 7: 21-23. Esa impotencia que muchas veces nos paraliza, que nos impide vivir con alegría y entusiasmo. Esa batalla eterna contra nuestro narcisismo y orgullo, son sin duda algunos factores que nos hacen sufrir. ¿Qué decir de las enfermedades, muertes de seres queridos, divorcios, falta de trabajo, pobreza?
¿Cómo enfrentar esas luchas internas diariamente? ¿Cómo ser mas humilde y al mismo tiempo no caer en un pozo depresivo? ¿Cómo ser uno mismo sin ofender a nuestro prójimo?¿Cómo luchar contra las grandes injusticias sociales que vemos a nuestro alrededor?

Si somos fieles y eficaces en nuestros pequeños intentos eclesiales de solidaridad en y ante el dolor, también lo podremos ser en el gran panorama de responder en justicia, en alguna medida, al sufrimiento personal, estructural y cosmológico que nos rodea 2.

Fieles y eficaces en nuestros pequeños intentos solidarios ante el dolor; ¡que bueno eso!. Es realmente una respuesta concreta. Fieles y eficaces en nuestras pequeñas tareas cotidianas 3 y esfuerzos solidarios.
En Romanos 8.26, se nos dice que el Espíritu Santo nos ayuda en nuestras debilidades y que Dios examina nuestros corazones e intenciones.
Es gratificante saber que su Espíritu nos ayuda, pues sino fuera así, no existiría manera de sobrellevar esa valija tan pesada sobre nuestras espaldas.

Seamos fuertes en el sufrimiento mientras esperamos lo que no vemos. Seamos fuertes, sabiendo que aún la naturaleza sufre y gime esperando la redención (Romanos 8.22-23). Dios examina nuestro corazón y conoce nuestra debilidad humana.

Mientras esperamos, ayudános a estar firmes en el sufrimiento y a vivir en justicia, paz y alegría por medio de tu Espíritu Santo. (Romanos 14.17)

1.Nancy E. Bedford, es profesora de teología sistemática en el seminario metodista Garrett Evangelical en Chicago, EEUU.
2.Nancy E. Bedford, Tres preguntas que nos plantea el sufrimiento. Revista Kairós, año 10 – Nro 25, pag. 19
3. Sobre el valor de lo cotidiano

Una hazaña olímpica - Gabrielle Andersen

El Maratón de Los Angeles 1984 quedará grabado en la historia fundamentalmente por dos motivos: Fue el primer maratón olímpico femenino de la historia y se vivió una de las ovaciones más grandes del olimpismo, y no justamente esa ovación fué para la que llegó en primer lugar.

Con 27º de temperatura y una humedad muy alta, se largó el maratón olímpico con 50 mujeres para afrontar los 42,195metros. Solo 44 llegaron, pero la que llego en la posición 37 pasaría a la historia y esta fue Gabriele Andersen – Scheiss, una norteamericana nacionalizada Suiza; pais que representó en aquellas olimpiadas. 

Nunca se olvidarán las imágenes de su última vuelta al estadio, con medio cuerpo paralizado por los calambres, el público en pie, los médicos siguiendola sin tocarla porque si lo hacían sería sancionada.

Su hazaña no solo sirvió para protagonizar uno de los episodios más famosos de la historia del olimpísmo, sino que a partir de ese suceso se redactó la ley Scheiss, por la cual ya no se sanciona a ningún participante en la maratón por ser atendido por los servicios médicos durante la carrera.

Cuando llegó a la meta, fué atendida por los servicios médicos, se recuperó rapidamente y horas después en una conversación con periodistas explicó el porque de su sufrimiento: " ¡¡era mi última oportunidad !!". (VER VIDEO HISTÓRICO)