El Club de la Oración

Mi Descanso: El Club de la Oración: Tomado de: Mi Devocional Por María Lozano Lectura: Lucas 11:1-10 Me contaba un amigo que una mañana cuando estaba saliendo de su ca...

Transformar la historia

El lenguaje de la cruz siempre será un absurdo para las personas que se niegan a ser acogidos por el Dios de Jesús; más para nosotros, los que nos hemos arrojado a sus brazos, es poder de Dios para transformar la historia (1 Cor. 1:18 BTI).

En muchas oportunidades, nos encontramos con personas que no alcanzan a comprender el idioma de la cruz. Suena religioso, místico, irracional, absurdo. ¡No hay mucho que podamos hacer nosotros!, salvo animarlas a probar el idioma de la fe, una lengua poco usual en estos días. 

por José Luis Lozano

Hay un tiempo para todo

por José Luis Lozano

En esta vida todo tiene su momento; hay un tiempo para todo ( Eclesiastés 3:1)
En varios países es muy común arrancar las frutas de sus plantas un tiempo antes de que maduren. Esto se hace, para que no se magullen al ser enviadas a los mercados. Una vez en el mercado, son rociadas con un gas llamado dióxido de carbono (CO2), para que maduren rápido y tomen el color adecuado al instante para ser vendidas.
Si bien, estas frutas son comestibles, su sabor no es comparable con aquellas que se les permitió madurar en forma natural y a su tiempo.
Conocer los tiempos oportunos para cada acción es fundamental, para no perder la esencia ni el sabor de nuestra propia identidad. 




Refugiados hoy

No maltraten ni esclavicen al refugiado, pues ustedes también fueron extranjeros en Egipto, y ya saben lo que es vivir como extranjeros en otro país. (Éxodo 23:9)
¿De dónde proceden los conflictos entre ustedes? ¿No es acaso de los malos deseos que luchan en su propio interior? (Santiago 4:1)

La realidad de los refugiados hoy, nos invita a hacer memoria de nuestra propia identidad e historia. No se trata de leyes, ni de políticas, sino de humanidad y decencia.

Sufrir y padecer vs. Éxito (H. Segura)

«Entonces Jesús empezó a explicarles que el Hijo del hombre tenía que sufrir mucho; que había de ser rechazado por los ancianos del pueblo, los jefes de los sacerdotes y los maestros de la ley; que luego lo matarían, pero que al tercer día resucitaría….Pedro entonces, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. 

Pero Jesús se volvió y, mirando a sus discípulos, reprendió a su vez a Pedro, diciéndole: — ¡Apártate de mí, Satanás!...». (Marcos 8:31-33)

Sufrir, padecer y morir son riesgos inaceptables para Pedro; por eso quiere proteger al Maestro. Él prefiere un Maestro con éxito, pero sin peligros. Jesús lo reprende porque sabe que no es posible ser fiel a Dios sin correr los riesgos de esa decisión. Sólo Satanás opina lo contrario.