Salgan a los cruces de los caminos
Jesús les habló otra vez en parábolas, diciendo: «El Reino de los Cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Envió entonces a sus servidores para avisar a los invitados, pero estos se negaron a ir. De nuevo envió a otros servidores con el encargo de decir a los invitados: "Mi banquete está preparado; ya han sido matados mis terneros y mis mejores animales, y todo está a punto: Vengan a las bodas". Pero ellos no tuvieron en cuenta la invitación, y se fueron, uno a su campo, otro a su negocio; y los demás se apoderaron de los servidores, los maltrataron y los mataron.
"Ven y verás"

Felipe encontró a Natanael y le dijo: «Hemos hallado a aquel de quien se habla en la Ley de Moisés y en los Profetas. Es Jesús, el hijo de José de Nazaret». Natanael le preguntó: «¿Acaso puede salir algo bueno de Nazaret?». «Ven y verás», le dijo Felipe.
Al ver llegar a Natanael, Jesús dijo: «Este es un verdadero israelita, un hombre sin doblez». «¿De dónde me conoces?», le preguntó Natanael. Jesús le respondió: «Yo te vi antes que Felipe te llamara, cuando estabas debajo de la higuera».
Natanael le respondió: «Maestro, tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel». Jesús continuó: «Porque te dije: “Te vi debajo de la higuera”, crees. Verás cosas más grandes todavía». Y agregó: «Les aseguro que verán el cielo abierto, y a los ángeles de Dios subir y bajar sobre el Hijo del hombre». (Jn. 1, 45-51)
Si no muere, queda solo.
«Les aseguro que si el grano de trigo que cae en la tierra no muere, queda solo; pero si muere, da mucho fruto. El que tiene apego a su vida la perderá; y el que no está apegado a su vida en este mundo, la conservará para la Vida eterna. El que quiera servirme, que me siga, y donde yo esté, estará también mi servidor. El que quiera servirme, será honrado por mi Padre.» (Jn 12, 24-26)
Este pasaje del evangelio de Juan se encuentra hacia el final del ministerio público de Jesús, luego de la entrada a Jerusalén y antes de que se acerque la Pascua.
Jesús ha descubierto un misterio en la vida y la muerte, en el ganar y el perder, en el servicio y el estar con el Padre.
La vida estalla cuando se entrega; entonces crece, se potencia, da más vida. Mientras pretendamos guardarla, retenerla, nunca encontrará sentido y la sentiremos vacía.
Este pasaje del evangelio de Juan se encuentra hacia el final del ministerio público de Jesús, luego de la entrada a Jerusalén y antes de que se acerque la Pascua.
Jesús ha descubierto un misterio en la vida y la muerte, en el ganar y el perder, en el servicio y el estar con el Padre.
La vida estalla cuando se entrega; entonces crece, se potencia, da más vida. Mientras pretendamos guardarla, retenerla, nunca encontrará sentido y la sentiremos vacía.
El abrazo de la naturaleza
Cuentan los que viven ahí y se los han contado de generación en generación, que allá por 1914 o 1915 un chico encadenó su bicicleta a un árbol...El árbol no era muy grande, pero el pensaba regresar en poco tiempo por ella, solo iba a cumplir su deber con su patria, pelear en la primera gran guerra....
El muchacho jamás volvió...
El muchacho jamás volvió...
Defensoría del Pueblo
Rubén Capitanio - Sacerdote católico de Neuquén
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Los momentos que vivimos como Patria, donde la incertidumbre de lo que nos puede pasar como Pueblo es el pan de cada día, preocupación que se hace temor ante la crucificada Jujuy en estos días, hacen que los ciudadanos miremos hacia donde podemos encontrar esperanzas.
Y una de esas miradas es hacia la DEFENSORÍA del PUEBLO.
Porque esto debe ser una DEFENSORÍA. El lugar donde las personas y los sectores sociales recurren para sentirse escuchados en sus reclamos, protegidos en sus derechos, educados en sus deberes.
Por ser cristiano de opción y militancia, miro la realidad desde la visión religiosa y práctica de la fe, que intento vivir como manera de mirar lo cotidiano. Y en este momento es que me imagino a un Jesús de Nazaret como Defensor del Pueblo de su Galilea natal.
Y una de esas miradas es hacia la DEFENSORÍA del PUEBLO.
Porque esto debe ser una DEFENSORÍA. El lugar donde las personas y los sectores sociales recurren para sentirse escuchados en sus reclamos, protegidos en sus derechos, educados en sus deberes.
Por ser cristiano de opción y militancia, miro la realidad desde la visión religiosa y práctica de la fe, que intento vivir como manera de mirar lo cotidiano. Y en este momento es que me imagino a un Jesús de Nazaret como Defensor del Pueblo de su Galilea natal.
Dios del silencio y del encuentro
No anuncias la hora de tu llegada, ni pregonas tu presencia con trompetas, campanas o cañones. Ya no nos convocas como antaño, con signos y prodigios, a ver tu gloria. No quieres espectáculos. Te pierdes por calles secundarias, plazas públicas y mercados de barrio donde no hay pedestales ni estatuas. Tú no eres un Dios de aplausos, gritos y vítores. Eres el Dios de la brisa y el silencio. Tú llegas al corazón y susurras palabras de vida. Y, en las encrucijadas, miras y miras. Y te quedas si aceptamos; y te vas si te rechazamos. Eres la salvación, pero sólo te ofreces a los que saben de silencios y de encuentros en encrucijadas. DIOS SILENCIO, DIOS ENCUENTRO.
A Dios lo que es de Dios
Le enviaron después a unos fariseos y herodianos para sorprenderlo en alguna de sus afirmaciones. Ellos fueron y le dijeron: «Maestro, sabemos que eres sincero y no tienes en cuenta la condición de las personas, porque no te fijas en la categoría de nadie, sino que enseñas con toda fidelidad el camino de Dios. ¿Está permitido pagar el impuesto al César o no? ¿Debemos pagarlo o no?».
Pero él, conociendo su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un denario». Cuando se lo mostraron, preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?». Respondieron: «Del César». Entonces Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios». Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta. (Mc 12, 13-17)
¿Qué hizo Jesús ante “la trampa”?
Pero él, conociendo su hipocresía, les dijo: «¿Por qué me tienden una trampa? Muéstrenme un denario». Cuando se lo mostraron, preguntó: «¿De quién es esta figura y esta inscripción?». Respondieron: «Del César». Entonces Jesús les dijo: «Den al César lo que es del César, y a Dios, lo que es de Dios». Y ellos quedaron sorprendidos por la respuesta. (Mc 12, 13-17)
¿Qué hizo Jesús ante “la trampa”?
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