El hombre alto del salón

 por José Luis Lozano

Una cálida reunión

Fue un sábado a las 20.15 hs aproximadamente del año 1983, cuando ingresé por primera vez a una cálida reunión de jóvenes; quienes cantaban y aplaudían con mucha alegría y entusiasmo.

En la puerta de aquel salón, había un hombre alto. Me saludó muy amablemente y me dio la bienvenida al encuentro juvenil. Al verme un poco sorprendido, me preguntó a quien buscaba y en que me podía ayudar. Le respondí que buscaba a mi amigo Rubén, quien me había invitado a la reunión. El hombre alto, no conocía a mi amigo Rubén, pues también era uno de los jóvenes nuevos del grupo.

La reunión ya había comenzado y la atractiva música llenaba el ambiente. Todos los jóvenes presentes estaban de pie y con sus palmas seguían el ritmo de cada uno de los coros.

Un observador muy especial


El hombre alto, constató que yo no ingresaba ni tampoco tomaba asiento, por lo que me invitó una vez más a pasar y a ubicarme entre los jóvenes. Le dije que me gustaría quedarme, pero que debía llevarle el auto a mi mamá, ya que ese era mi compromiso y el plazo acordado se había vencido, por lo que debía hacerlo pronto.

El hombre alto se ofreció a llevarme a casa y a traerme nuevamente a la reunión de jóvenes, a lo cual accedí con mucho agradecimiento por tan importante gesto.

Fue así que el hombre alto; dejó la reunión, tomó su auto y me siguió hasta mi casa. Entregué el auto a mi mamá y subí a su auto para regresar a la reunión. Durante el trayecto de regreso, solo intercambiamos unas pocas palabras. Su amabilidad y su gran gesto, fueron suficientes para mí.

Alegría, cánticos y reflexión

Cuando regresamos, los jóvenes continuaban cantando. Tomé asiento y mi cuerpo comenzó a temblar de emoción. ¡Nunca había sentido nada parecido!.

Comencé a observar las letras de las canciones, escritas en grandes papeles afiche de colores. Esos escritos me recordaron a mi primera comunión, confirmación y a todo lo que mis padres me habían enseñado sobre Jesús. Su muerte y resurrección, fueron el eje de todos los cánticos juveniles de esa noche.

Mi cuerpo seguía temblando y al mismo tiempo anhelaba conocer más sobre todo aquello que me sucedía; las palabras de los jóvenes, las reflexiones y la fraternidad de aquel grupo. Todo lo que experimenté allí, fue una invitación a entregar mi vida a Dios y a confiar en El.

Al finalizar el encuentro, el hombre alto pasó al frente y allí lo anunciaron como el pastor Lorenzo Klink. Luego de pronunciar una oración final, realizó una invitación para todos aquellos jóvenes que tuviesen inquietudes o preguntas. Yo fui uno de esos jóvenes que se quedó para hacer preguntas y para poder conocer más sobre Jesús. Esa noche nos regalaron un apreciado Nuevo Testamento.

Una nueva vida

Regresé a casa siendo una persona distinta. Algo nuevo comenzó a gestarse en mi ser. Un gran gozo, un fuerte deseo de conocer más acerca de Jesús y un claro llamado a compartir con todos lo que me había sucedido.

El hombre alto, conocía el valor de los detalles. Sabía muy bien que las personas están antes que las reuniones. No dudó en dejar esa reunión para acompañarme a dejarle el auto a mi mamá.

De eso se trata; de priorizar a las personas por sobre las reuniones eclesiales y de acompañar a la gente en los pequeños detalles de la vida.

Junto a su esposa Carmen y familia, nos marcaron el camino del servicio y de la entrega al anuncio del Reino de Dios.

¡Muchas Gracias Carmen y Lorenzo!

Para conocer más ampliamente su vida personal y familiar;
Ver: https://www.lmneuquen.com/pastor-lorenzo-nicolas-klink-sembrador-huellas-la-mision-evangelica-neuquina-n200305
Vecino ilustre: http://www.muninqn.gov.ar/info/doc/digesto/ordenanzas/11965.pdf